Henryk Sienkiewicz nació en Wola Okrzeska, en Podlasie, murió en Vevey, Suiza. Sus obras nacen en la época del positivismo y modernismo, en la difícil situación político-social de Polonia. Estudió en la facultad filológico-histórica y filosófico–histórica de la Escuela Principal y Universidad de Varsovia. Trabajó como reportero y folletinista en la prensa varsoviana (Revista Semanal, Niva, Gazeta Polaca). Cooperando con la Gazeta Polaca utilizó el pseudónimo Litwos; en los años 1876 – 1878 fue corresponsal en América del Norte, retornó al país en el año 1879, habiendo visitado en el camino Francia e Italia. Sus “Cartas de viaje” muestran admiración al desarrollo tecnológico y científico. Escribió sobre temas políticos, protestó contra la actividad anti-polaca de los gobiernos ocupantes, exigió autonomía política al Reinado de Polonia, también llevó a cabo una fuerte actividad social, fundó la organización Matriz Polaca Escolar.

De la primera época positivista de su actividad creadora, provienen obras como “Esbozos al carbón”, “Juanito el Músico”. Presenta en ellas seres maltratados, brutalmente quebrados por el destino y las condiciones sociales, protesta contra la insensibilidad de los terratenientes frente a los estratos más bajos. Después de su regreso de Estados Unidos, surgió la obra „Por pan”, en la cual describe el trágico destino de la emigración campesina en América. La siguiente novela „El farolero”, pertenece a las obras maestras de Sienkiewicz, este es un excelente estudio lírico de los sentimientos patrióticos. El crítico literario Stanisław Brzozowski se expresa de la siguiente manera: “El farolero” nació en el alma del escritor no solo de una nostalgia momentánea, pasajera, provocada por la lejanía del país. Entresonaron aquí todos los sentimientos de tristeza por el mundo al que aspiraba el corazón. Pero este mundo no fue descrito en forma que delimite su significado. Es un mundo por el que suspira, por el cual llora, al cual escapa en sueños, desesperadamente, toda Polonia huérfana y sin hogar. Esto parece hoy una paradoja, a pesar de todo, para mi es una cosa segura, que “El farolero” es ese único momento, en el cual el alma de Sienkiewicz se fundió con el alma de su nación”.

Henryk Sienkiewicz  llevó al florecimiento la novelística polaca. Viviendo en la época de mayor desarrollo de la filosofía positivista y también de la crítica fuerte de la historia – regresó victorioso a la relación romántica frente al pasado. En cierto momento de su vida dio la espalda a la monotonía cotidiana e impregnó sus obras con la dinámica de los grandes acontecimientos históricos, afirmando: “La idea de la Patria debe ocupar el primer lugar en el alma y corazón del hombre”. Justamente, las novelas históricas le trajeron el mayor reconocimiento al escritor, especialmente su Trilogía: “Con fuego y espada”, “El Diluvio”, y “El señor Wołodyjowski”; de los tiempos de las guerras cosacas, la invasión sueca y la guerra con Turquía (siglo diecisiete). Una destreza literaria especial se refleja en “Con fuego y espada”, en donde se siente la nostalgia por el pasado, por las grandes hazañas guerreras, por los relatos sobre la vida de la nobleza y hazañas de guerra. En toda la Trilogía, el autor revivió la historia; mostró la fuerza tonificadora y sanadora, fluyente de las antiguas acciones heroicas, concientizó a los compatriotas, que a través del fortalecimiento espiritual y del renacimiento moral, de la buena organización y estrategia militar, a pesar de la difícil situación, se puede llegar a la recuperación de la independencia y el poder nacional, porque “la historia no solo es el conocimiento sino también la fortaleza” (Norwid).

La novela „Los caballeros teutónicos” es el monumento literario de la lucha victoriosa contra la fuerza germánica. Esta obra, apoteosis de la fuerza guerrera, presenta una imagen de la poderosa e intransigente sociedad. La serie de las novelas históricas de Sienkiewicz se destaca por la renovación magistral del “romance de aventuras”, aprovechando posibilidades que presenta al escritor una fábula atractiva y aventurera. Escritos con exquisito lenguaje, excelente construcción literaria, que mantienen al lector en suspenso y constituyen una obra de gran valor.      

Tanto la Trilogía como „Los caballeros teutónicos” fueron adaptados al cine.

El escritor obtuvo fama mundial y el Premio Nobel por su novela “Quo vadis?” (“¿Adónde vas?”), la cual presenta un cuadro artístico de la antigua Roma de tiempos de los primeros cristianos. El galardonado escritor, dijo entonces: “El premio glorifica no solo al poeta sino a la nación, de la cual se es hijo”.

Es igualmente autor de novelas de tiempos contemporáneos, entre otras “La familia Połaniecki”, “Sin dogma” y una obra para jóvenes “En el desierto y en la selva”.

Henryk Sienkiewicz pertenece a los más leídos escritores polacos. Su arte sobresale por la plasticidad de la descripción, la dinámica pictórica de escenas y cuadros presentados, unidos al sentido de la habilidad de composición de cada personaje y cada momento, al que otorga realidad y claridad. El don de visualizar la composición se presenta claramente en los cuadros de las batallas y en el manejo de las masas. El escritor sabía aprovechar ampliamente los valores de la lengua polaca, y es un clásico de la prosa polaca, en la cual se siente no solo el individualismo del autor, sino también la belleza del idioma polaco.

Una descripción colorida de la vida de la nobleza, tanto en el siglo diecisiete, como en el diecinueve, y la fe en la bondad y belleza del mundo, producen que las obras de Sienkiewicz son leídas hoy con el mismo sentimiento de antes.

En el año 1900 la sociedad polaca obsequió al escritor la hacienda Oblęgorek (por sus 30 años de actividad creadora), como una expresión de amor y gratitud hacia el artista, que escribió “para reconfortar corazones”.

Durante la primera guerra mundial, Sienkiewicz organizó conjuntamente con Ignacy Paderewski el comité de ayuda a las víctimas de la guerra en Polonia. Murió en Suiza, sin haber finalizado su última obra, la novela de la época napoleónica “Las legiones” (editada póstumamente en el año 1918). Sus restos fueron repatriados en el año 1924 y colocados en el sótano de la catedral de Varsovia.

El historiador de literatura, Juliusz Klejner, calificó su obra de la siguiente manera: ”En el momento en que terminó la época de la cultura de la nobleza, de la cultura caballeresca – Sienkiewicz levantando las “belles-lettres” a nivel de epopeya nacional, a la par con Matejko, cumplió la misión de hacer que el pasado polaco este siempre presente para sus compatriotas. Cambió para todos la Polonia histórica en una realidad concreta. A la gente de los nuevos estratos, no relacionada con ninguna tradición personal, ni familiar con aquellos que formaron la historia antigua – dispuso sentirse hijos de los guerreros de Grunwald”.

Teresa Studzińska de La Serna